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  • Centro para el Bien Común Global

Argentina y una crisis económica que escala


MARZO 27, 2023


A nivel global, incluso en las naciones que presumen ser de extrema izquierda y maldecir al mercado, vivimos bajo un sistema capitalista y un sistema capitalista opera bajo un sistema de contratos y un sistema de contratos no puede funcionar si no hay reglas de juego claras, y no hay reglas de juego claras cuando la moneda pierde valor de modo persistente, y cuando la moneda pierde valor de modo persistente las inversiones no llegan y se van, y cuando pasa todo esto la producción y el empleo se resienten y nos encontramos frente a un problema macroeconómico de envergadura que puede marcarnos, que si el alza de los precios alcanza, técnicamente, un 100% anual nos encontramos frente a un régimen de alta inflación. Y si la tasa de inflación supera el 50% mensual, nos encontramos frente a una hiperinflación según lo establecido desde 1956 por el Profesor Philip Cagan de la Universidad de Columbia. La hiperinflación ocurre cuando se genera un rápido aumento en la cantidad de dinero circulante que no se corresponde con un aumento similar con la producción de bienes y servicios. De tal manera, con mayor cantidad de dinero respondiendo a los mismos bienes y servicios, se incrementa de modo veloz el valor de esos bienes y servicios medido en la moneda local. 

Algunos de los fenómenos que se observan según Steve Hanke, Profesor de la Universidad Johns Hopkins, cuando asoma una hiperinflación:

  • Los comercios comienzan a cambiar (varias veces a la semana o al día) los precios de bienes y servicios.

  • La población empieza a gastar su sueldo con la mayor rapidez posible en bienes de consumo duradero o alimentos no perecederos (aunque no los necesiten) para no perder poder adquisitivo. 

  • Se suele calcular el valor de los bienes y servicios en una moneda extranjera estable en lugar de calcularlo en la moneda local, y con frecuencia se da comienzo a lo que suele denominarse una “dolarización espontánea” bajo la cual los ahorros se mantienen en una moneda extranjera, y se comienzan a realizar también transacciones en moneda extranjera. 

Cuando observamos esto en una nación, estaríamos en presencia de autoridades gubernamentales que pierden el control de su política monetaria, mientras los ahorros de la población empiezan a verse fuertemente deteriorados y los ingresos de la población pierden valor a muy escaso tiempo de recibirlos.



En el año 2016 el país latinoamericano que estaba más cerca de la hiperinflación y podía pasar la barrera y alcanzar el 50% mensual de modo sostenido, según el Profesor Hanke, era Venezuela, que ya en ese año la inflación alcanzó 254,95% anual. Y el devenir de las pésimas medidas tomadas por el régimen bolivariano resultaron en una escalada que continuó arrojando una inflación de 438,12% en 2017, de 65.374% en 2018 y de 19.906% en 2019.



El flagelo de la inflación también a nivel global



¿Hay problemas inflacionarios en otras latitudes? Sí, en el año 2020, los Bancos Centrales del mundo se vieron en la obligación de emitir grandes sumas de dinero para financiar el gasto público, incrementado por la pandemia por Coronavirus, en un contexto de enorme parálisis de la actividad económica. Así, para marzo de 2021, las economías de los países más desarrollados manifestaban procesos de inflación luego de casi tres décadas de estabilidad, debido a que como se mencionara, las políticas monetarias harto expansivas en pandemia generaron la aceleración de la inflación. Estos procesos se agravaron a partir de la guerra por la invasión de Rusia a Ucrania. Ambos países son proveedores de alimentos y energía, y el suministro de estos bienes se redujo, y así la oferta de estos bienes se restringió considerablemente. 


En base a lo descripto, sin desmerecer en absoluto el flagelo inflacionario a nivel global, que es preocupante, cabe detallar el Índice de Precios al Consumidor (IPC) en diversos países a nivel interanual para el año 2022 para poder compararlo con la gravísima problemática inflacionaria sufrida en la nación argentina. 



En América Latina el IPC nos arrojó para el año 2022 las siguientes inflaciones interanuales:

  • Venezuela 305 %,

  • Argentina 94,8 %

  • Colombia 13,1 %

  • Chile 12,8 %

  • Perú 8,4 %

  • Paraguay 8,2 %

  • Uruguay 8,1 %

  • México 7,8 %

  • Brasil 5,7 %

  • Bolivia 3,1 %.


En los países del G7, el IPC para el mismo período 2022, nos arrojó los siguientes niveles de inflación interanual:

  • Italia 11,6 %

  • Gran Bretaña 10,7 %

  • Alemania 9,6 %

  • Canadá 6,8 %

  • Estados Unidos 6,5 %

  • Francia 5,9 %

  • Japón 4 %


Otras naciones presentan el siguiente IPC durante los últimos 12 meses a diciembre de 2022:

  • Estonia 17,6 %

  • Polonia 16,6 %

  • Bélgica 10,4 %

  • España 5,7 %

  • Suiza 2,8 %


El IPC en el mismo período en países en conflicto:

  • Siria 55 %

  • Etiopía 35 %

  • Ucrania 26 %

  • Myanmar 19 %

  • Afganistán 10 %


Así, en base a datos, los países con mayor índice de inflación para diciembre de 2022 durante los últimos 12 meses fueron los siguientes:

  • Venezuela 305,7 %

  • Zimbabue 244 %

  • Líbano 142 %

  • Argentina 94,8 %

  • Turquía 64 %


La escalada inflacionaria mensual en Argentina



La inflación mensual de Argentina según el IPC que comunicó el organismo nacional, el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) nos presentó los siguientes porcentajes:

  • Enero de 2022 = 3,9 %

  • Febrero de 2022 = 4,7 %

  • Marzo de 2022 = 6,7 %

  • Abril de 2022 = 6 %

  • Mayo de 2022 = 5,1 %

  • Junio de 2022 = 5,3 %

  • Julio de 2022 = 7,4 %

  • Agosto de 2022 = 7 %

  • Septiembre de 2022 = 6,2 %

  • Octubre de 2022 = 6,3 % 

  • Noviembre de 2022 = 4,9 %

  • Diciembre de 2022= 5,1 %

  • Enero de 2023 = 6 %

  • Febrero de 2023 = 6,6 % (cabe destacar que, para este último mes medido en Argentina, los alimentos subieron aún más, 9,8)


Por su parte, la inflación interanual desde el segundo semestre de 2022 en Argentina evolucionó del siguiente modo

  • Julio de 2022 = 71,0 %

  • Agosto de 2022 = 78,5 %

  • Septiembre de 2022= 83 %

  • Octubre de 2022 = 88 %

  • Noviembre de 2022 = 92,4 %

  • Diciembre de 2022 = 94,8 %

  • Enero 2023 = 98,8 %

  • Febrero 2023 = 102,5 %


Y la inflación acumulada en la gestión Alberto Fernández –Cristina Fernández de Kirchner del Frente de Todos, ya pasados ocho meses con Sergio Massa como ministro de Economía, alcanza la cifra de 368 %.



Cuando lo económico y lo político se conectan, y se conectan mal



Como se mencionara anteriormente, la inflación del mes de julio de 2022 en Argentina alcanzó la escalofriante cifra de 7,4%, y fue en ese momento, que la entonces ministra Silvina Batakis luego de menos de un mes de gestión en la cartera económica tuvo que renunciar (luego de que renunciara por twitter poco tiempo antes, el anterior ministro de economía, Martín Guzmán, muy maltratado por el kirchnerismo por reclamar al gobierno que aplique un mayor ajuste fiscal, menor que el que hoy pretende Massa, quien sí recibió, curiosamente, el apoyo del ala dura kirchnerista).



Sergio Massa, para algunos fue considerado nuestra “última bala de plata”, “el salvador” de una Argentina que si no resolvía desde julio de 2022 la escalada persistente del dólar podía desencadenar en una preocupante corrida bancaria y caer incluso en una hiperinflación.  El actual viceministro de Massa, Gabriel Rubinstein, un economista ortodoxo que dudaba si ocupar o no su cargo hasta que finalmente lo ocupó, manifestaba poco tiempo atrás que Argentina estaba “coqueteando con la hiperinflación”.  



Cabe destacar que viendo la evolución de la inflación mensual en Argentina post Massa ministro de economía, hoy podemos concluir que aquello que pronosticó el mismo Massa: lograr llegar a una inflación de 3 % para abril, no se estaría cumpliendo, y que como es de público conocimiento y ya se mencionara, la inflación de enero del año en curso fue de 6 %, la de febrero de 6,6 % y se proyecta una inflación para marzo que superará el 7 %.



Vale decir, con preocupación, nos enfrentamos a una inflación equivalente a cuando Sergio Massa “con luces de alerta”, tuvo que aterrizar urgentemente en la cartera económica para que Argentina no corra el riesgo de caer en una hiperinflación.  Y nuestra presunta “última bala de plata”, el ministro Massa, está pretendiendo aquí y ahora, utilizar recursos de la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES), es decir recurrir a los ahorros en divisa extranjera (dólar) de los jubilados en Argentina, quienes perciben 148 dólares mensuales (y por supuesto no alcanzan a solventar la canasta básica), pero deben ser los salvadores del “salvador“ para que, al menos un par de meses no más, el dólar no se dispare alocadamente porque la falta de reservas es mega gigante en territorio argentino.



Para quienes aún creen que el gobierno del Frente de Todos, vice presidido por Cristina Fernández de Kirchner es un movimiento nacional y popular, vale recordar que la vicepresidenta cobra en concepto de jubilación por haber sido presidenta y de pensión por su marido fallecido la suma mensual de 20.250 dólares, simplemente datos. Y que el ajuste lo siguen pagando los grupos más vulnerables, ahora los jubilados, que deben hipotecar sus cajas de ahorro para poder contener la inflación generada por el excesivo gasto público de un gobierno inepto. 



Como parece pretender no combatir la inflación el gobierno argentino



En varias economías desarrolladas se viene sufriendo un aumento generalizado de los precios (considerablemente menor al padecido en Argentina), y en base a esta problemática se vienen promoviendo planes de estabilización macroeconómica. 


En su manual Macroeconomía Argentina, Lucas Llach y Miguel Braun nos explican que existen dos modos de implementar un plan de estabilización:

  • La estabilización de tipo ortodoxa que es aquella en la que el foco se coloca en los frentes fiscal y monetario. Si el desequilibrio fiscal genera expansión monetaria y si la expansión monetaria genera inflación, entonces deberá corregirse el desequilibrio fiscal (y la consecuente emisión monetaria).

  • La estabilización de tipo heterodoxa considera que para frenar la inflación debe detenerse la inercia inflacionaria. Así, algunos planes heterodoxos han frenado precios y salarios, ordenando a las empresas que no aumenten los precios y que no se aumenten los salarios de los trabajadores.  También se ordena bajo este tipo de plan congelar las tarifas de los servicios públicos. Este tipo de estabilización parte de la idea de que no alcanzaría con reducir el déficit fiscal y la emisión monetaria para frenar la inflación porque los instrumentos fiscales y monetarios pueden generar con frecuencia recesión. Sin embargo, los programas de estabilización heterodoxos que han logrado resolver la inflación han necesitado también poner coto a la fuente que origina la inflación (al déficit fiscal y a la emisión monetaria). Nos ilustran Lucas Llach y Miguel Braun, como uno de los economistas que participó en 1985 del diseño y la implementación del Plan Austral en Argentina (sin éxito duradero) afirmaba “si hago la parte heterodoxa pero no la ortodoxa, me voy al diablo”.  Este tipo de plan fue instrumentado también por aquellos años con éxito en Israel en 1985, en Brasil en 1986 y en México en 1987, considerando, por supuesto, que la parte monetaria no podía dejar de implementarse, ya que los congelamientos de precios, salarios y tarifas no alcanzarían para darle batalla integral a la inflación.


Si la inflación comienza, como se puede observar en Argentina hace décadas, y con enorme desparpajo durante los últimos tres años del gobierno del Frente de Todos, por causa de persistentes déficits fiscales, vale decir por la financiación del déficit por vía de emisión monetaria, es dable esperar que la estabilización requiera un ajuste fiscal. Cualquier programa antinflacionario que terminó ganando la pulseada a la inflación más tarde o más temprano debió incluir un ajuste fiscal. Y si esto no se entiende, la inflación puede resultar en alta inflación y la alta inflación puede resultar en hiperinflación. 



Los precios cuidados o justos (congelamiento de precios de gran cantidad de productos) establecidos por el gobierno Fernández-Fernández bajo la conducción económica de Massa no estarían dando los resultados esperados y por eso la inflación escala, y con esto sube el valor de la canasta básica y con esto aumenta la pobreza y la indigencia.  Las buenas relaciones de Massa con “su capitalismo amigo” (el establishment económico muy colaborativo con el ministro de Economía que ha logrado por un tiempo contener una mayor caída del peso) hizo su labor, pero no alcanzó, por eso continuamos escasos de reservas, y por eso el gobierno pretende “meter mano” miserablemente en el fondo de garantía de sustentabilidad, es decir, en los ahorros de los jubilados.



A la vista de la evolución de una inflación que escala, nuestra presunta “última bala de plata” no estaría dando en el blanco para contener finalmente los precios y estabilizar la economía.



​Durante la última semana en Argentina cayeron los bonos y el riesgo país superó los 2400 puntos. Y en medios de comunicación internacionales de alto prestigio, se leen titulares como el publicado en el Financial Times “Hiperinflation Argentina is ready to bloom”. Y BTG Pactual, el Banco de inversiones brasileño, el más grande de América Latina, se ha pronunciado al respecto destacando “Argentina Daily Snapshot – Topic of the day: Dancing on the Titanic”.



Mientras todo esto nos ocurre en Argentina, el presidente nos comunica que somos el país que más crece en el mundo luego de China, y la vicepresidenta critica con vehemencia al gobierno del cual ella es la conductora número uno. 



Autora: Sandra Choroszczucha


Politóloga y Profesora de la Universidad de Buenos Aires.


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