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Rusia y la cuestión de Groenlandia

  • forosaheleuropa
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Francisco Pascual de la Parte, embajador y analista del Instituto para el Bien Común Global



La posición de Rusia sobre la cuestión de Groenlandia está condicionada, a largo plazo, por su rivalidad geopolítica con los EEUU, y a corto plazo, por su guerra en Ucrania, por lo que ha ido variando según evolucionaban ambas.


El 15 de enero de 2026, cuando tropas de Dinamarca y otros aliados de la OTAN comenzaban a llegar a Groenlandia para realizar ejercicios denominados "Operación Resistencia Ártica", la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, Maria Zakharova, criticó la doble moral de Occidente al evaluar los casos de Crimea y Groenlandia, calificó las maniobras como otra provocación de los países occidentales y advirtió de "graves consecuencias". Agregó que Rusia "está de acuerdo con la posición de China al declarar inadmisibles las referencias a la actividad rusa y china en Groenlandia como excusa para justificar la actividad militar en la zona".


Al día siguiente, el embajador ruso en Dinamarca, Vladimir Barbin, tras señalar que cazas F-35 de EEUU ya han utilizado el aeródromo de la base de Pituffic para ejercicios de su Fuerza Aérea y recordar la presencia del ejército estadounidense en Groenlandia desde la Segunda Guerra Mundial, manifestó que "Rusia está a favor de fortalecer la estabilidad en el Ártico y esto solo es posible sobre la base de la construcción de un sistema internacional de seguridad igual para todos los estados árticos". Además, negó toda intención rusa de anexionarse Groenlandia y acusó a la OTAN de militarizar el Ártico.


Por su parte, el secretario de prensa del presidente ruso, Dmitry Peskov, aseguraba, tres días después, que "nosotros, como el resto del Mundo, estamos siguiendo atentamente la situación en torno a Groenlandia. Partimos del hecho de que Groenlandia es territorio del Reino de Dinamarca". Añadió que Moscú “era consciente” de la negativa categórica de Groenlandia a ser vendida y de las declaraciones de Washington sobre la posibilidad de su adquisición "por otros medios". Peskov describió la situación como “extraordinaria” desde el punto de vista del derecho internacional.


Esta sutil evolución hacia una actitud más conciliadora pudo deberse a la percepción rusa de que si Estados Unidos se anexionaban el territorio de un estado occidental, cualquier imputación a Rusia por su anexión ilegal de Crimea y el Donbass perdería toda fuerza moral y legal. Moscú podría usar el principio de "tú haces lo mismo" como argumento ante la Comunidad Internacional. Por tanto, a corto plazo, Rusia se beneficiaría de las contradicciones internas en el bloque occidental para revestir de legitimidad su criminal actuación en Ucrania.


Sin embargo, a largo plazo, la aparición de una poderosa infraestructura militar estadounidense justo frente a las fronteras norte de Rusia sería considerada una amenaza crítica para la seguridad de la Ruta Marítima del Norte. En efecto: Estados Unidos ya tiene en Groenlandia la base espacial de Pituffik (anteriormente Base Aérea Thule), equipada con radares de banda ancha que forman parte de su sistema de alerta temprana de ataques de misiles. Por tanto, ya disponen de la infraestructura necesaria para fortalecer la defensa aérea y antimisiles en la región. Además, el tratado de 1951 y los acuerdos adicionales de 2024 otorgan a los estadounidenses el derecho a construir bases militares y desplegar fuerzas adicionales.


Por ello, las autoridades rusas estimarían que el verdadero objetivo de Trump es tener el control sobre el acceso oeste a la NSR, porque Groenlandia está en una posición clave para vigilar el tramo desde Novaya Zemlya hasta Murmansk, incluyendo las rutas de suministro para el gas natural licuado ruso. Así, el presidente del Comité de Defensa de

la Duma Estatal, Andrei Kartapolov, ha señalado que la posible anexión de Groenlandia por Estados Unidos supone una amenaza militar para la Federación Rusa.


En realidad, el liderazgo político-militar ruso lleva tiempo preocupado por el control de esa zona, y ya ha desplegado una división de defensa aérea en el Norte, armada con sistemas antiaéreos S-300, así como con el último S-400 Triumph. Pronto, el arsenal allí se reabastecerá con sistemas especiales de defensa aérea para el Ártico. Dos bases militares rusas desplegadas en las islas árticas, Shamrock y el Clover, proporcionan cobertura de radar fiable para todo el Ártico e incluso para el Polo Norte. También en el arsenal de Rusia hay previstos sistemas de misiles "Oreshnik", que tendrán en su punto de mira todas las instalaciones militares estadounidenses en Groenlandia.


En unas declaraciones a “The Atlantic”, en octubre del año pasado, el ministro de Defensa noruego Tore Sandvik ya había advertido que “Rusia está acumulando fuerzas en la península de Kola... donde ya tiene su Flota del Norte y donde se encuentra uno de los mayores arsenales de ojivas nucleares del mundo". Recordó que los misiles rusos con ojivas nucleares "están dirigidos no solo a Noruega, sino también al Reino Unido y, a través del Polo, a Canadá y Estados Unidos”. Sandvik sostiene que, en caso de un conflicto armado con la OTAN, Rusia probablemente intentará tomar el control del llamado Corredor del Oso — entre el archipiélago de Svalbard y la Noruega continental— así como de la frontera Feroe-islandesa entre Reino Unido, Islandia y Groenlandia.


Por supuesto, si Washington obtiene su deseada Groenlandia, fortalecerá su posición geopolítica y económica en el Ártico. Pero llevará mucho tiempo hacerlo, pues la infraestructura en la zona del Paso del Noroeste está muy poco desarrollada y carece de puertos aceptables, sistemas de comunicación y rompehielos.


En esto, Rusia lleva ventaja. Su actividad de buques de carga en la NSR se intensifica continuamente. Como confirmó Alexey Likhachev, director general de la Corporación Estatal “Rosatom”, ya en diciembre de 2025, por primera vez en la historia de la Ruta Marítima del Norte, los 8 rompehielos nucleares rusos han estado operativos a lo largo de toda ella. Esta posición favorable puede haber influido en que Rusia se decante por una reacción discreta y aproveche las indicadas ventajas a corto plazo que le proporciona el contencioso de Groenlandia, en vez de elevar el tono de la confrontación con EEUU, profiriendo amenazas y advirtiendo de consecuencias por una militarización a largo plazo que aún no se ha producido y para la que, en todo caso, se encuentra preparada.


Esto explicaría que, el 21 de enero de 2016, se produjeran dos acontecimientos sorprendentes. Primero: Putin, para asombro de muchos, dijo en la TV pública que el contencioso en torno a Groenlandia “no concierne a la Federación Rusa”, señaló que su país ya tenía experiencia en resolver ese tipo de asuntos con Estados Unidos y recordó que en el siglo XIX, Rusia vendió Alaska a EEUU por 7,2 millones de dólares, estimando su equivalente actual en 250 millones de dólares: Ni una crítica, ni una acusación, ni una advertencia a EEUU. Segundo: Trump (ante un posible “impeachment” si recurriese a la ocupación de la isla marginando al Congreso) dijo en Davos, el mismo día, que no iba a usar la fuerza militar para apoderarse de Groenlandia, y anunció la conclusión de un acuerdo que permitirá a Estados Unidos hacer "lo que quiera" en la isla. El arreglo no implicaría, según Axios, una transferencia completa de soberanía sobre Groenlandia a EEUU, pero autorizaría el despliegue del sistema de defensa antimisiles “Golden Dome”, así como la actualización del acuerdo de defensa entre Estados Unidos y Dinamarca de 1951.


Paralelamente, Trump daba un ultimátum a Ucrania para aceptar su actualizado plan de paz, beneficioso para Rusia, antes del 13 de mayo próximo, es decir: en mitad de las primarias para elegir candidatos cara a las parlamentarias del 3 de noviembre.


En resumen: La actitud oficial de Rusia hacia el contencioso de Groenlandia parece transmitir tres claros mensajes. Primero: La OTAN ya no es una alianza unida y cohesionada, sino un conjunto de competidores dispuestos a tenderse trampas unos a otros. Segundo: la anexión de Groenlandia por los EEUU o su integración en el sistema defensivo occidental refleja la solución aplicada por Rusia en Crimea y el Donbass al incorporarlos a su propio sistema de seguridad. Tercero: los Estados europeos podrían reconsiderar su actitud hacia Rusia. Estas conclusiones pueden extraerse del manual de instrucciones que la Administración Presidencial ha entregado a los medios de comunicación estatales y progubernamentales, obtenido por periodistas del portal independiente Meduza. En él se insta a los medios rusos a dar la mayor difusión posible al asunto de Groenlandia, subrayando los tres puntos indicados.


Por Francisco Pascual de la Parte, embajador y analista del Instituto para el Bien Común Global de la Universidad Francisco de Vitoria.






 
 
 

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