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LA HISTORIA DEL SÁHARA ESPAÑOL

UNA RESEÑA HECHA POR GABRIEL CORTINA MAYO-2024




Ficha técnica 


La historial del Sáhara español 





Gerardo Muñoz Lorente 

Editorial Almuzara 

717 páginas  


Reseña 



“Historia del Sáhara español. De la colonización al abandono (1884-1976)”, recientemente publicado, es una obra de referencia para los investigadores que deseen comprender lo ocurrido en un territorio que, durante más de noventa años y hasta 1976, fue administrado por el Gobierno de España. Escrito por Gerardo Muñoz Lorente, el resultado es un volumen muy documentado donde recoge con rigor, datos y hechos contrastados sobre la historia de este rincón de África, desde la época Prehispánica hasta su proceso de descolonización, acontecimiento histórico al que le dedica una gran parte de su investigación. 

 

Gerardo Muñoz Lorente (Melilla, 1955) es escritor e investigador histórico y autor de más de ochocientos reportajes y artículos periodísticos, muchos de los cuales han sido recopilados en media docena de libros. Tiene publicados un total de 31 libros -18 ensayos y 13 novelas-, siendo uno de los últimos «El desastre de Annual. Los españoles que lucharon en África», y «La dictadura de Primo de Rivera». 

 

Las fuentes consultadas para este trabajo son bibliográficas, archivísticas, hemerográficas y electrónicas. En cuanto a las fuentes orales, siempre cargadas de subjetividad, indica que se han limitado a las declaraciones recogidas en la prensa o en el diario de sesiones del Congreso de los Diputados. A pesar de que el autor conoce a personas que vivieron en el Sáhara español y ha conversado con ellas acerca de sus recuerdos, ha rehuido incorporar tales testimonios cuando no están respaldados por documentación imparcial. Aunque la bibliografía española sobre la colonia del Sáhara es de una gran pobreza intelectual, quizás a excepción de la obra de Caro Baroja, «Estudios saharianos», hay últimamente publicados libros muy interesantes acerca de esta cuestión. Respecto a las fuentes archivísticas, son varias las instituciones en las que se conserva documentación interesante sobre la historia del Sáhara español, tal como se señala en el apartado correspondiente, siendo la principal el Archivo General de la Administración (AGA), con sede en Alcalá de Henares. Sin embargo, hay aún bastantes documentos fuera del alcance de los investigadores porque están clasificados como secretos. También se presenta una extensa documentación de Estados Unidos, procedente de los contenidos clasificados de “alto secreto” y “secreto”, principalmente de los archivos de lectura electrónica de la CIA; solo con escribir “Sáhara 1975” en la consulta de búsqueda aparecen 1.104 documentos accesibles. Como complemento, se ha incorporado información valiosa e inédita, sobre todo relacionada con tesis y demás trabajos universitarios. 

 

Sin que hasta ahora se haya producido oficialmente su descolonización, a pesar de estar ocupado de facto por el Reino de Marruecos, lo realmente interesante del libro que comentamos es que recoge un análisis esclarecedor sobre este conflicto; aporta datos fundamentales sobre las relaciones que mantuvieron España y el antiguo Sáhara Español; y explica el proceso político y militar que originó el abandono por parte del Estado español de este territorio, del que, como se dará cuenta el lector, aún quedan muchos documentos por desclasificar por causa de la legislación sobre secretos oficiales. En este sentido, cabe señalar, como ha quedado patente por el interés político y mediático que afecta al Sáhara, que tras conocerse el espionaje llevado a cabo en teléfonos móviles de altos mandatarios españoles por medio del sistema Pegasus, en agosto de 2022 el Consejo de Ministros aprobó el anteproyecto de Ley de Información Clasificada que debería de reemplazar a la ley de 1968.  

 

Cuatro preguntas 

 

En 1976, el Gobierno de España abandonó cualquier responsabilidad sobre el territorio sahariano que había administrado «de iure» durante casi 92 años. En ese momento dejó de llamarse Sáhara español para pasar a conocerse como Sáhara Occidental, sin que hasta ahora se haya producido oficialmente su descolonización, a pesar de estar ocupado «de facto», y en gran parte, por el Reino de Marruecos. La labor de Muñoz Lorente, como afirma en el prólogo, no es la de opinar y mucho menos especular con ejercicios de historia alternativa acerca de lo que pudo o no pudo ocurrir si se hubiese actuado de manera diferente a como se hizo. Su labor, y de ahí el interés académico, es el de exponer los hechos tal como sucedieron con la mayor certeza posible, así como sus consecuencias. 

 

En este contexto, el autor plantea cuatro preguntas: ¿Ayudó España a que el pueblo Saharaui progresara y se modernizara? ¿Ejerció un dominio opresor y discriminatorio? ¿Supo comportarse como un administrador honesto y responsable? ¿Hasta qué punto estuvo el gobierno estadounidense implicado en la organización de la Marcha Verde? ¿Por qué decidió el gobierno español retirarse cediendo la administración del territorio a Marruecos y Mauritania? 

 

Dos días antes de que finalizara el plazo dado para acabar su presencia en el territorio, el Gobierno español adelantó la retirada oficial y, en Nueva York, los embajadores en las Naciones Unidas entregaron al Secretario General una carta en la que se hacía constar que, a partir de aquel mismo día, España se consideraba desligada de toda responsabilidad con relación a la administración del Sáhara occidental. A su vez, enfatizaba que la descolonización no acabaría hasta que la población Saharaui tuviera oportunidad de expresarse libremente. Esta observación tiene una trascendencia muy relevante. Tanto estos representantes españoles en las Naciones Unidas como el Gobierno de Madrid reiteraron que lo que se había transferido a Marruecos y Mauritania era la administración del Sáhara occidental, no su soberanía, puesto que nunca la había poseído, siendo su única propietaria la población Saharaui. 

 

Desde el inicio hasta nuestros días 

 

El contenido se divide en cinco partes: la época prehispánica; la época española (1884-199) La ocupación indecisa; la época española (1940-1956) La colonización tardía; la época española (1957-1972) La provincia del Sáhara; y la época española La descolonización apresurada. Incluye una introducción geográfica y antropológica, dedicada al clima, el agua, el desierto y la etnia saharaui; un Epílogo con las ideas esenciales del trabajo -magnífico resumen, de obligada lectura-; seis anexos con documentación y una extensa relación de fuentes, con la descripción de archivos, bibliografía, hemeroteca y referencias de sitios web de Internet. También se incluye en el contenido una galería biográfica, ilustraciones y numerosos mapas de las diferentes épocas.  

 

“Sáhara español”, “Sáhara occidental”, “Sáhara atlántico” son las tres maneras en las que ha sido conocido este territorio por los españoles. Los nativos lo llamaban trab el-bidan (tierra de los blancos), por oposición a trab el-sudan (tierra de los negros), que se encuentra más al sur. Situado en el noroeste del continente africano, tiene una extensión de 266.000 km², un poco más que la mitad de España. El interés español por el Sáhara occidental se limitaba a la costa por sus caladeros y porque servía de protección antiguamente a las islas Canarias más orientales. También porque, sin necesidad de internarse mucho en el interior del continente, podían comerciar con los indígenas. Entre los siglos XVI y XVIII fueron construidos algunos fortines en el litoral que sirvieron como bases para tareas de secado de pescado, de mercadeo o de saqueo, que por lo general tuvieron una vida corta, ya que los nativos no tardaban en destruirlos. 

 

Para Muñoz, el punto de partida es el último cuarto del siglo XIX. Coincidiendo con que las potencias europeas comenzaban a mostrar interés por colonizar el continente africano, las autoridades españolas consintieron que, por iniciativa privada, se tomara posesión de enclaves permanentes entre los cabos Bojador y Blanco. Así, poco antes de que comenzara la Conferencia de Berlín (1884), con la que se consagró la distribución geográfica de África entre varias potencias europeas, el Gobierno español decretó el protectorado de las tierras de aquel litoral recién apropiado. Y al comunicárselo a los representantes oficiales de los países asistentes a la Conferencia de Berlín, se cumplió con el requisito que esta impuso para que un territorio fuese reconocido internacionalmente como posesión de una nación determinada. Pero, como demuestra, el inicio de la ocupación española de aquel territorio fue indeciso. Tanto, que de los tres primeros enclaves que se levantaron, el de Villa Cisneros en la península de Río de Oro, el de Puerto Badía en el angra de Cintra y el de Medina Gatell en cabo Blanco, los dos últimos fueron pronto abandonados.  

 

Para entender mejor la historia propiamente dicha del Sáhara español, se repasan los antecedentes más importantes que atañen a dicho territorio, limitándolo geográficamente y contextualizándolo para facilitar al lector la comprensión de muchas de sus peculiaridades. También se incluyen en este trabajo la historia de otros dos territorios estrechamente vinculados al Sáhara occidental, por vecindad y porque pertenecieron igualmente a España en determinados momentos, compartiendo administración. Se trata de Cabo Juby (actual provincia marroquí de Tarfaya), territorio que formó parte de la zona sur del Protectorado español en Marruecos bajo el nombre de Villa Bens entre 1912 y 1958; e Ifni, con capital en Sidi Ifni, colonia entre 1860 y 1958, y provincia española después, hasta su entrega al Reino de Marruecos en junio de 1969. 

 

Desde luego, el capítulo que resultará de más interés para el lector será el último, dedicado a la época de 197 a 1976, titulada La descolonización apresurada. En 1975, el Gobierno español se hallaba sumido en un debate con tres posturas antagónicas: la que estaba a favor de la independencia Saharaui a través del referéndum anunciado, encabezada por el jefe de la diplomacia, el ministro Cortina, apoyada por los grupos económicos que tenían intereses en el Sáhara y en Argelia, conocido como los proargelinos; la que defendían los jefes y oficiales del Ejército destacado en el Sáhara, que coincidía con la anterior aunque por motivos diferentes: deseos de revancha contra las fuerzas armadas marroquíes y celebración de un referéndum para promocionar al pueblo Saharaui, pero no para una independencia inmediata; y la última, a favor de la entrega del Sáhara a Marruecos, impulsada por la parte promarroquí, que ganaba posiciones a través del ministro de la Presidencia, del presidente Arias y hasta del jefe del Estado en funciones, el príncipe Juan Carlos. En cualquier caso, explica el autor, quienes abogaban por esta última solución, anteponían la buena imagen de España y de su Ejército al interés por dar por acabado el conflicto con la entrega del territorio. 

 

Los actores y sus intereses  

 

Uno de los aspectos más relevantes de este trabajo es el análisis que se ofrece de los principales actores implicados, con sus intereses y las decisiones que se van tomando en esta historia. Aunque finaliza en febrero de 1976, esto sirve para comprender qué ocurre actualmente en la región y permite valorar el impacto y el alcance de las decisiones tomadas recientemente por el Gobierno. Se trata de España, Marruecos, Mauritania, Argelia, Estados Unidos, el Frente Polisario, el pueblo Saharaui y las Naciones Unidas.  

 

En cuanto a España, el autor indica que los responsables políticos actuaron con vacilación durante décadas con respecto a la ocupación y colonización de un territorio cuyos pobladores, lejos de ofrecer una gran resistencia, respondieron mayoritariamente a las propuestas pacíficas de los exploradores con relativa comprensión y hospitalidad, abriéndose al trato comercial y adaptándose en muchos casos a un estilo de vida muy distinto del suyo tradicional. Es evidente que durante muchos años la convivencia entre los dos pueblos fue pacífica. Pero llegó el momento en el que un inevitable movimiento nacionalista, contagiado de los muchos otros que llevaban años surgiendo y desarrollándose en los países vecinos, fue torpemente reprimido. La tesis es que no se supo comprender y mucho menos responder a unas reivindicaciones aparentemente justas que comenzaron planteándose de manera sosegada. Como ocurrió en otras partes del mundo, la avasalladora ola descolonizadora que surgió tras la Segunda Guerra Mundial era una realidad. Los casos de las pérdidas de las colonias de Francia y Reino Unido fueron paradigmáticos.  

 

Por unas u otras razones, Madrid no adoptó las decisiones a tiempo para lograr una descolonización del Sáhara favorable para los intereses nacionales. Al inmovilismo le llegó la presión internacional, y lo mismo ocurrió con las contradicciones internas, acentuado por la incertidumbre política. Tomada ya la decisión de retirarse cuanto antes del Sáhara, ya que primaba la estabilidad de Juan Carlos I como del sucesor del Régimen, los acontecimientos fueron sucediéndose a un ritmo cada vez más abrumador debido a las amenazas externas y a las constantes hostilidades que padecían las tropas españolas allí destacadas. Al final, prevaleció el interés por lograr una salida más o menos digna para el Ejército español, prescindiendo de cualquier otra responsabilidad política, económica o moral para con el pueblo Saharaui. Como se muestra, el problema se resolvió para España con una retirada relativamente tranquila para sus tropas, una retirada que puede calificarse de frustrante, pero ciertamente quedó una herencia política gravosa para posteriores gobiernos, ya en un régimen libre y democrático. Y por supuesto, dejó irresoluto el problema de la descolonización, cuyo principal responsable era el Estado español. 

 

En cuanto a Marruecos, se detalla cómo valiéndose de una quimera histórica conocida como el Gran Marruecos, Mohammed V y su heredero, Hassan II, reivindicaron como marroquí el Sáhara occidental, del mismo modo que lo hicieron con Mauritania y parte de Argelia, infructuosamente. A la campaña diplomática se añadió otra militar, con incursiones de milicias armadas que hostilizaron a las tropas españolas y a las poblaciones. Cada vez que el Gobierno español adoptaba alguna medida con intención de tomar la iniciativa política, el marroquí respondía con una propuesta inesperada y atrevida. Supieron aprovechar bien la delicada tesitura política por la que atravesaba España. Tras la retirada del ejército español, se inicia una guerra contra el Polisario de larga duración y sin conseguir a nivel internacional un reconocimiento generalizado de su soberanía sobre el territorio invadido. 


Mauritania jugó un papel secundario, oportunista. A cambio del reconocimiento de Marruecos y de evitar su amenaza anexionista, aceptó apoyar su aventura sahariana y participar en la invasión militar. Pero incapaz de sostener una guerra que exigía mucho esfuerzo material y humano, abandonó la parte que había ocupado del Sáhara occidental, siendo sustituidas sus tropas por las de Marruecos. Por su parte, Argelia mantuvo una actitud equívoca desde la aparición del Frente Polisario. Aunque lo apoyó, al principio fue de una manera tímida, si se compara con la ayuda prestada por Libia, tanto militar como económicamente. Se opuso a que el resultado de la descolonización fuera la anexión del territorio a favor de Marruecos o un reparto con Mauritania. Como diría el general español Eduardo Blanco: «Argelia estaba dispuesta a la guerra hasta consumir el último soldado español y el último soldado saharaui; pero en absoluto ni un solo soldado argelino». Argelia mantuvo y aún mantiene en la actualidad su ayuda a los refugiados Saharauis. 

 

Una de las partes más interesantes del libro es la dedicada a comprender la historia del pueblo Saharaui. La conclusión es que nunca existió como país soberano pues fue un territorio poblado por tribus nómadas. Ante los conflictos que se sucedieron, las opciones fueron alistarse al Frente Polisario, permanecer en sus hogares o huir al exilio. Tanto los que se quedaron como los que se fueron sufrieron penurias por culpa de la guerra, la represión y las carencias para subsistir. El lector se hace una idea de que el pueblo Saharaui es el actor más importante de esta historia, pero también es el más mortificado. El Frente Polisario siguió los pasos de otros movimientos de liberación armados que surgieron en la región, inspirados en la ideología del socialismo árabe. Aunque animados y apoyados por la Libia de Muamar el Gadafi primero y después por la Argelia revolucionaria, eran conscientes de que ellos solos no podrían enfrentarse a Rabat con mínimas posibilidades de éxito. Finalmente se vieron luchando contra las tropas marroquíes por el norte y las mauritanas por el sur. La proclamación de la República Árabe Saharaui Democrática ha sido reconocida por 80 países. 

 

Por último, por parte de Naciones Unidas, su gestión empezó a adolecer de incoherencia e inoperancia como consecuencia de la resolución aprobada a finales de 1974 en la que se recomendaba al Gobierno español que paralizara la celebración de un referéndum de autodeterminación en tanto no se pronunciase el Tribunal Internacional de Justicia. La paralización del proceso independentista agravó la situación con el resultado de la Marcha Verde en el Sáhara. «Dos resoluciones seguidas y aparentemente contradictorias sobre el mismo asunto, puso en evidencia la ineficacia de la ONU para resolver conflictos graves». 

Como conclusión, insistir en que no ha sido intención del autor detallar el balance de todo lo realizado por España en el Sáhara Occidental durante el tiempo que duró su colonización. Probablemente los beneficios económicos que obtuvo fueron bastante inferiores a los gastos que invirtió durante aquellos 91 años largos en los que administró la colonia. Otra cosa es la labor política y social que se llevó a cabo. En este trabajo se exponen datos suficientes para que se puedan responder a las preguntas planteadas y otras similares.  

 

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