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Misiones internacionales de las Fuerzas Armadas, ¿mantenimiento o imposición de la paz?

  • forosaheleuropa
  • 7 oct 2019
  • 17 min de lectura

Gabriel CortinaĀ 

Introducción 

A la hora de valorar las misiones orientadas a la resolución de conflictos en las que participan las Fuerzas Armadas surge la pregunta de si la paz se impone o se mantiene, y hasta quĆ© punto la justificación para desplegar tropas en la escena internacional responde a dar relevancia a su acción social y humanitaria. Desde el punto de vista de la realidad polĆ­tica espaƱola -y por contagio tambiĆ©n la europea-, una corriente excesivamente idealista, con el deseo de ofrecer una percepción favorable de lo militar, ha tenido tres consecuencias que son relevantes para las cuestiones estratĆ©gicas de seguridad: se ha generado una comprensión deficiente de la naturaleza de los conflictos y de los actores implicados, con la dialĆ©ctica de ā€œimposiciónā€ vs ā€œmantenimientoā€; se ha ofrecido una visión distorsionada de lo que implica el compromiso en operaciones y la resolución de conflictos; y ha generado en la opinión pĆŗblica un sentido difuminado de la razón de ser de la Defensa, en cuanto al uso de la fuerza.Ā 


En el caso de España, la misión de las Fuerzas Armadas es garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional. Así lo expresa el artículo 8.1 de nuestra Constitución. Desde esa perspectiva, y teniendo como criterio el uso de la fuerza en todas y cada una de sus dimensiones, la acción social y humanitaria de las unidades militares estÔ subordinada a dicha finalidad, y se manifiesta, concretamente, en las misiones internacionales para la resolución de conflictos. 


Denominadas como ā€œMisiones en pro de la paz y seguridad internacionalesā€, estas operaciones han sido objeto de controversia, estudio y debate desde mĆŗltiples Ć”mbitos. En lo concerniente al enfoque ideológico, se tiende a enfrentar dos perspectivas, que tienen que ver con la propia dinĆ”mica de la resolución de conflictos y el escenario posterior que se desea lograr, en función de la mayor o menor influencia a ejercer por parte de los actores involucrados.Ā La dialĆ©ctica entre operaciones de mantenimiento o de imposición de la paz estĆ” presente en los debates. La narrativa de fondo es mostrar que dichas intervenciones militares son, en definitiva, un medio de lograr influencia en tĆ©rminos geopolĆ­ticos, y que las organizaciones internacionales que las patrocinan son parte de ese tablero de juego regional en manos de naciones poderosas.Ā 


Este anÔlisis pretende poner sobre la mesa la realidad de la resolución de conflictos y la influencia de lo político. Para ello, se propone seguir el manual de referencia utilizado por el Ejército de Tierra[1], en lo referente a las operaciones internacionales, como eje que ayude a mencionar los aspectos mÔs relevantes de los conflictos, para comprender su complejidad, el rol de los diferentes actores y el papel que desempeñan las Fuerzas Armadas. Al ser la doctrina de referencia, poco se puede aportar. La intención es ayudar a comprender mejor su impacto y alcance para poder, precisamente, valorar lo que se hace -o se deja de hacer- desde los mÔximos responsables que estÔn al frente de nuestra Defensa y la política exterior. 


Los conflictos son siempre violentosĀ 

Como punto de partida, conviene tener en cuenta que es un error que lleva a importantes consecuencias estratégicas y operativas el abordar prioritariamente y en exceso la realidad de las Fuerzas Armadas desde una perspectiva de acción social y humanitaria, dejando de lado u omitiendo la parte que tiene que ver con su esencia mÔs profunda, que es el enfrentarse a conflictos violentos, armados, crueles, y el uso de la fuerza. Las imÔgenes y las consecuencias de estos escenarios son desagradables para la opinión pública y para nuestra forma de entender el mundo, pero son también realidades que hay al otro lado de nuestra frontera de las cuales no se puede estar al margen. Precisamente, uno de los objetivos militares puede ser dar cobertura a la iniciativa social y humanitaria, como ha ocurrido en tantos casos. 


Al estar en un mundo globalizado, todo lo bueno y lo malo, como vínculos entrelazados, nos afecta. Y, especialmente, nos afecta lo que ocurre en nuestra frontera avanzada, que en el caso de España se llama la región del Sahel. La defensa y promoción de nuestros intereses debe formar parte de esa narrativa y no puede estar subordinada o eclipsada por los objetivos sociales y humanitarios, que son tan necesarios para apoyar la decisión política del despliegue de tropas, teniendo en cuenta los costes en términos de opinión pública y electorales. La buena noticia de esta globalización es que un conflicto a gran escala nos afecta negativamente a todos porque tendría inevitables consecuencias en las rutas comerciales, en el abastecimiento energético y de materias primas, y en los intereses de naciones aliadas o por aliar.  


En el caso de la Acción Exterior, toda operación militar, para que sea legítima y pueda cumplir con los criterios de las organizaciones internacionales[2], contempla los aspectos sociales y humanitarios, que de hecho ya forman parte de la doctrina, y del planeamiento. Las Operaciones de Apoyo a la Paz (también denominadas Peace Support Operations o PSO, por sus siglas en inglés) son aquellas operaciones militares que, bajo los auspicios de la ONU o de otra organización internacional competente, tienen como finalidad apoyar e impulsar los esfuerzos diplomÔticos y procesos políticos que se realicen con la finalidad de evitar, contener, moderar o resolver conflictos. La decisión de emplear fuerzas militares para apoyar en la instauración o el mantenimiento de la paz y la seguridad es parte de un esfuerzo mÔs amplio de la comunidad internacional, en el que se suelen incluir organizaciones, gubernamentales y no gubernamentales, de carÔcter nacional o internacional y, se desarrollan, normalmente, en un ambiente multinacional. 


El criterio de las tres ā€œDā€Ā 

El tĆ©rmino ā€œoperacionesā€ no debe entenderse Ćŗnicamente como la secuencia de actividades puramente militares, coordinadas en tiempo y espacio, sino que deben incluir aquellas desarrolladas por los actores civiles. La experiencia ha demostrado que para una adecuada resolución de conflictos hacen falta las tres ā€œDā€, del inglĆ©s defence, diplomacy, development; es decir, la seguridad (disuasión y uso escalado de la fuerza), la cooperación (desarrollo social, local) y diplomacia (la dimensión polĆ­tica con todos los actores involucrados). La actitud de las fuerzas militares puede variar, desde el apoyo activo a una de las partes en conflicto, hasta desplegar fuerzas que actĆŗan con un marcado carĆ”cter imparcial, para reforzar o facilitar el proceso de paz. La parte diplomĆ”tica es evidente, pues una operación puede tener lugar en el contexto de un conflicto intra o interestatal, siendo mĆ”s comĆŗn el primero de ellos, como ha sido el caso de Mali, LĆ­bano, Irak o Kosovo. En cualquier caso, este tipo de operaciones, se caracterizan por no existir un oponente claro y definido.


Lo que es cierto es que estas operaciones implican responsabilidades especiales en la actuación de las fuerzas militares, ya que las actividades relativas a la seguridad estÔn vinculadas al desarrollo político, social y económico. Por ello, todos los actores, presentes, militares y civiles deben actuar en estrecha coordinación, dirigiendo sus actividades a resolver las causas del conflicto, como único modo de establecer una paz posible y duradera. 


El espectro del conflicto y el proceso polĆ­ticoĀ 

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Fuente: Mando de Adiestramiento y Doctrina del Ejército de Tierra (MADOC) 

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ĀæMantener o imponer la paz?Ā 

La dialĆ©ctica entre ā€œOperaciones de Mantenimiento de la Pazā€ y ā€œOperaciones de Imposición de la Pazā€ es falsa porque ambas forman parte de un proceso. A la hora de abordar una operación, desde el punto de vista estratĆ©gico, lo primero que se hace es tratar de encuadrarla en lo que se denomina Espectro del Conflicto. Esto permite establecer la dimensión operativa y tĆ”ctica, y activar los diferentes actores y su grado de implicación o protagonismo, para que puedan actuar y cómo apoyarlos, teniendo como telón de fondo la realidad polĆ­tica.Ā 


Se llame ā€œmantenimientoā€ o ā€œimposiciónā€ la intención que buscan varĆ­a entre prevenir conflictos, restaurar el orden entre las partes, asegurar el cumplimiento de los acuerdos establecidos o el cese de hostilidades, mantener el orden mientras los acuerdos de paz o de cese de hostilidades se llevan a cabo, o apoyar la extensión de la autoridad del Estado.Ā  SegĆŗn el espectro del conflicto, pueden enumerarse cinco tipos de operaciones, y su comprensión nos va a ayudar a ver mĆ”s profundamente la complejidad de su resolución. Estos pueden ser: prevenir, establecer la paz, imponerla, mantenerla o consolidarla. Procedemos a explicarlas, siguiendo el texto de referencia:Ā 


  • Operaciones de prevención de conflictos: son aquellas que emplean medios diplomĆ”ticos, civiles, y cuando sean necesarios, militares, para identificar y vigilar las causas de potenciales conflictos y tomar las medidas oportunas para prevenir la aparición, escalada o reaparición de conflictos. Se desarrollan en un entorno de inestabilidad o crisis previa, y requiere para su Ć©xito la mayor anticipación e información (inteligencia) posible. Esto permite determinar, en tiempo oportuno y con precisión, los factores clave de la disputa y su evolución. Ejemplo son aquellas donde se envĆ­an sobre el terreno a expertos mediadores y observadores, y se establecen medidas de confianza entre las partes afectadas, siendo posible la necesidad de realizar un despliegue de fuerza preventivo. El objetivo es evitar la escalada de las disputas entre las partes hacia una violencia mĆ”s intensa. Inicialmente estarĆ”n dirigidas a su prevención y posteriormente al establecimiento de instituciones legĆ­timas, de forma que futuras controversias no degeneren en conflictos violentos y se puedan resolver por el diĆ”logo.Ā La clave es atender a las causas profundas, que pueden ser históricas, culturales, Ć©tnicas, económicas, polĆ­ticas, etc. Una medida prĆ”ctica que funciona es establecer sistemas de alerta temprana y de apoyo en el anĆ”lisis de riesgos, con indicadores que puedan analizar y valorar su potencial. La proyección y despliegue de fuerzas militares suele ser la Ćŗltima medida a adoptar, cuando las otras ya tomadas no han conseguido la disminución de la tensión. Esto permite una acción militar de vigilancia sobre el Ć”rea de inestabilidad para proporcionar inteligencia, es decir, información puntual y precisa sobre la actividad de los diferentes actores y su evolución.Ā El efecto disuasorio sobre las partes implicadas es otra de las intenciones. Sobrevolar el Ć”rea con aviones o helicópteros, o realizar controles en vĆ­as de comunicación terrestre o marĆ­tima, son dos ejemplos concretos.Ā 

  • Operaciones de establecimiento de la paz: hacen referencia al conjunto de acciones militares efectuadas en apoyo de la actividad diplomĆ”tica que, en el curso de un conflicto armado, pretende alcanzar un acuerdo negociado de alto el fuego o de paz que genere un cese de las hostilidades entre las partes involucradas, con la mayor inmediatez posible. Un ejemplo de ello es cuando los esfuerzos diplomĆ”ticos estar liderados por Naciones Unidas, un Estado, un grupo de ellos u otra organización internacional o regional. AquĆ­Ā las fuerzas militares cooperan mediante el asesoramiento o mediante la posibilidad de empleo de la fuerza para disuadir a los insurgentes. Suele ocurrir que en la zona de conflicto no haya Fuerzas y Cuerpos de Seguridad propias, por lo que se hace necesario el despliegue de tropas que ayuden al esfuerzo diplomĆ”tico.Ā 

  • Operaciones de imposición de la paz: sirven para la aplicación efectiva de una serie de medidas de carĆ”cter coercitivo, previamente autorizadas por el Consejo de Seguridad de la ONU, para restaurar la paz y seguridad internacionales en aquellas situaciones donde el Consejo de Seguridad ha determinado la existencia de amenaza, quebrantamiento de la paz o acto de agresión. Cuando la actividad diplomĆ”tica fracasa, el conflicto armado continĆŗa o se reinicia y la amenaza subsiste. AquĆ­Ā la legitimidad es fundamental, ya que se realizan sin el consentimiento de una, varias o todas las partes en conflicto, incluyendo el propio Estado en el que se desarrolla. Se puede dar el caso de que la ONU autorice a una tercera parte (organización regional de seguridad, un Estado o una coalición de Estados), que sea las encargadas de hacer cumplir su mandato. Estas operaciones requerirĆ”n todo el espectro de las capacidades militares para obligar a los contendientes a negociar el cese de las hostilidades, con fuerza naval, aĆ©rea y terrestre. La percepción de imparcialidad, sobre todo al inicio de la operación, es uno de los aspectos mĆ”s delicados, y que mĆ”s preocupan a la comunidad internacional, ademĆ”s de los efectos sobre la población civil.Ā 

  • Operaciones de mantenimiento de la paz: son las que apoyan e impulsan un proceso polĆ­tico que busca resolver definitivamente un conflicto. Finalizado el conflicto armado mediante la negociación y aceptación por las partes de un acuerdo de paz o de alto el fuego que, aun de forma frĆ”gil, debe poner fin a las hostilidades. A diferencia de las anteriores, se desarrollan con el consentimiento de la mayorĆ­a de las partes. El objetivo es prevenir la reaparición de los conflictos, mitigar los efectos de las crisis humanitarias y cooperar en el desarrollo de la autoridad del Estado, allĆ” donde sea dĆ©bil o no estĆ© perfectamente arraigada. TambiĆ©n pueden ser desarrolladas por Naciones Unidas, una organización regional o alguno de sus miembros, y habitualmente serĆ”n un conjunto de elementos militares, policiales y civiles.Ā Misión de la fuerza armada serĆ” asistir al proceso polĆ­tico, promoviendo el dialogo y las actividades de los gobiernos locales; apoyar los procesos de desarme, desmovilización y reintegración, y los programas de reforma del sector de seguridad, policĆ­a, imperio de la ley y justicia; proporcionar un marco de seguridad adecuado para el desarrollo de los programas a largo plazo; e interposición y separación de las partes en conflicto. Los acuerdos de alto el fuego o de paz son elementos fundamentales en el proceso.Ā 

  • Operaciones de consolidación de la paz: son el conjunto de acciones militares efectuadas en apoyo de aquellas actividades de carĆ”cter polĆ­tico, económico, social y de reestructuración que estĆ”n orientadas a reducir el riesgo de recurrencia al conflicto y proporcionan las bases para una situación de paz sostenible y duradera. Es un proceso complejo, a largo plazo, que afronta los motivos estructurales del conflicto armado de forma global. La trampa son las prisas de los polĆ­ticos (elecciones, necesidad de Ć©xitos, falta de presupuesto…). Las actividades relacionadas con la consolidación de la paz estĆ”n dirigidas tanto al desarrollo de la sociedad en la que se aplican como a mejorar la capacidad del Estado para efectuar legĆ­tima y eficazmente sus funciones. El factor tiempo es importante porque se impone el largo plazo, lo que tambiĆ©n es una trampa, porque las partes se habitĆŗan a vivir con un tercero como Ć”rbitro, sin poner los medios necesarios para la convivencia pacĆ­fica. El objetivo es mejorar las capacidades del Estado y de la sociedad civil, hasta el punto de que el apoyo externo no sea necesario. Pese a que los elementos predominantes sean los actores civiles, las fuerzas militares pueden ser requeridas para apoyar en el proceso de reconstrucción en el sector de la seguridad, como, por ejemplo, desarme, desmovilización y reintegración de combatientes, acciones de desminado, apoyo al desarrollo de procesos electorales, monitorización y formación, protección y seguridad, etc.Ā 


Esta enumeración no implica orden cronológico ni secuencial alguno, al igual que las actividades en pro de la paz y la seguridad a las que apoyan. Como demuestra la experiencia, en ocasiones son difíciles de diferenciar, y en la prÔctica sus límites no son exactos y son difíciles de establecer. Pueden coexistir, desarrollarse de forma aislada o ser consecuencia una de otra. Por ejemplo, una fragata de la Armada puede estar en un escenario naval haciendo varias misiones a la vez, lo mismo que una unidad de la Fuerza Aérea desplegada en zona de operaciones (logística, sanitaria, apoyo humanitario y diplomÔtico, o ataque contra insurgentes). 

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Misiones internacionales donde participan las Fuerzas Armadas (2019) / Fuente: Ministerio de DefensaĀ 


La importancia de la geopolĆ­ticaĀ 

Es una realidad que las naciones que disponen de mĆ”s recursos y capacidades, puestos al servicio de una visión estratĆ©gica, son las que obtienen mĆ”s ventajas en tĆ©rminos de influencia. Negarlo o no tenerlo en cuenta es no conocer cómo funciona el mundo, y aceptarlo implica abrir la puerta al debate dialĆ©ctico entre ā€œmantenimientoā€ e ā€œimposiciónā€. Y lo cierto es que una resolución de conflicto armado solo es posible afrontarlo desde esa misma narrativa, el del uso de la fuerza. Esto no es bienvenido en ciertos Ć”mbitos ideológicos y de opinión, pero es la realidad y tiene una profunda significación polĆ­tica. El marco jurĆ­dico aparece para dar legitimidad y garantĆ­as a esas misiones, que muchas veces queda relegado a un segundo plano o no se atiende convenientemente. El sĆ­ntoma es el enorme desconocimiento en el Ć”mbito polĆ­tico -y tambiĆ©n mediĆ”tico- de las reglas de enfrentamiento, o Rules ofĀ EngagementĀ (ROE, por sus siglas en inglĆ©s).Ā 

La materia es compleja, pero la legitimidad, la experiencia, los conceptos las referencias de este marco vienen de tres fuentes: primero, del Derecho Internacional Público, por ser el conjunto de normas y principios que regulan las relaciones jurídicas entre los Estados; segundo, del Derecho Internacional Humanitario, que son el conjunto de normas internacionales, tanto de origen convencional como consuetudinario, específicamente destinado para su aplicación en los conflictos armados, ya tengan un carÔcter internacional o interno; y finalmente, del Derecho Militar Operativo (DMO), que abarca todo el cuerpo normativo, nacional y supranacional, que establece y regula las normas de actuación en operaciones, incluyendo las de apoyo a la paz. Dentro del DMO estÔ el Código Penal Militar y el Régimen Disciplinario de las Fuerzas Armadas, donde también se hace mención a la parte social y humanitaria. 


Otros aspectos a tener en cuenta son los MemorĆ”ndum de Entendimiento (MOU, MemorandumĀ ofĀ Understanding) que constituye la formalización de un acuerdo entre partes (bilateral o multilateral) en el que se establecen las lĆ­neas bĆ”sicas de una determinada operación; el Estatuto de la Fuerza (SOFA, Status OfĀ ForceĀ Agreement), documento legal que recoge los derechos y deberes y regula las actividades de las tropas que operan en territorios extranjeros; las Reglas de Enfrentamiento mencionadas (ROE), que son las normas para el uso de la fuerza dadas por el mando de una operación, es decir, instrucciones y procedimientos dirigidos a las unidades militares donde, de forma muy concreta, se determinan las circunstancias, condiciones, lugar, grado y modo en que podrĆ” aplicarse el uso de la fuerza y la descripción de las acciones (agresiones, amenazas, provocaciones…) que podrĆ­an justificar tal uso. Lo relevante a efectos del tema planteado, es que las ROE se deben conocer y practicar a todos los niveles llegando hasta el Ćŗltimo soldado. Constituyen el Ćŗnico marco que proporciona autorización para el uso legĆ­timo de la fuerza, excepto los casos de autodefensa. La autodefensa se define como el empleo de una fuerza proporcional y necesaria para defenderse de una agresión. Conviene recordar, por sus implicaciones, que admite dos modalidades, la legĆ­tima defensa y la defensa de la misión. En tĆ©rminos generales, los escenarios hĆ­bridos hacen mĆ”s compleja su aplicación por las consecuencias del coste polĆ­tico.Ā 


Diplomacia de Defensa y Seguridad Cooperativa (2019) / Fuente: Ministerio de Defensa


El coste polĆ­tico: legitimidad y credibilidadĀ 

 La experiencia muestra que resulta prÔcticamente imposible resolver un conflicto complejo mediante la aplicación exclusiva de medios militares. En la actualidad los conflictos armados constituyen una cuestión de gran complejidad donde intervienen un gran número de elementos de la mÔs variada índole. Muchos de estos elementos poco o nada tienen que ver con las fuerzas combatientes, sean unidades militares convencionales o grupos armados irregulares. Por esa razón, cada operación debe tener en cuenta tres aspectos: las consideraciones políticas, el entorno operativo y las limitaciones legales. 


La clave no es ā€œerradicar la violenciaā€ sino activar los mecanismos que garanticen la gobernabilidad y el funcionamiento de las instituciones a largo plazo: el orden. La gran trampa son las prisas, no comprender bien, no pensar en el siguiente escenario. Por ejemplo: Libia, como caso reciente, es el sĆ­ntoma de un fracaso, cuyas consecuencias, aƱos despuĆ©s, ponen en jaque a toda la frontera sur de Europa.Ā  Ninguno de los lĆ­deres polĆ­ticos que decidieron su puesta en marcha permanecen hoy en el cargo, pero el cortoplacismo y la precipitación de sus decisiones prevalecen y no hay signos de recuperación. Si a la influencia de la opinión pĆŗblica y a los intereses de una agenda polĆ­tica que pivota en el cortoplacismo de las urnas le sumamos la dinĆ”mica en toma de decisiones de los organismos internacionales (OTAN, UE), el resultado es una multiplicación y mutación del conflicto libio.Ā 


Las operaciones de mantenimiento de la paz obligan a tener en cuenta todos los campos y aspectos que consolidan el orden, y que inciden en el normal desarrollo de la vida en sociedad: administración y servicios públicos, salud, educación, desarrollo económico, justicia, acceso a la información, etc. Esta forma de abordar y resolver los conflictos ha dado lugar al surgimiento y desarrollo del concepto del enfoque integral que pretende concertar planes, objetivos y acciones de todos los actores participantes en la gestión de una crisis o conflicto, en todos sus niveles (estratégico, operacional y tÔctico) y en todas sus fases (desde su concepción a su evaluación). La experiencia insiste en el enfoque integral, particularmente importante en las operaciones de apoyo a la paz donde el número de los actores no militares es muy elevado y su papel determinante para la resolver el conflicto y crear unas condiciones que garanticen la estabilidad a largo plazo. 


Las especiales características del entorno operativo en el que todo esto ocurre son el resultado de una serie de condicionantes de especial naturaleza y complejidad. Debido a estos condicionantes, el éxito estÔ no solo relacionado con la oportuna y correcta aplicación de los principios operativos tradicionales, sino, ademÔs, con la permanente observancia y puesta en prÔctica de otros aspectos o factores de éxito que también condicionan el cumplimiento de las misiones asignadas. No obstante, resulta conveniente detallar dos aspectos: la legitimidad y la credibilidad. 


La legitimidad es un principio basado en el derecho nacional e internacional. Para cada operación se materializa en forma de un mandato y en un acuerdo sobre el estatuto legal de la Fuerza. Para el éxito de la operación resulta imperativo no solo que esta legitimidad se mantenga, sino que también se perciba durante todo su desarrollo por todos los actores, en especial por las partes mÔs directamente afectadas. Esto requiere corrección en la ejecución, en términos de imparcialidad, credibilidad, transparencia y respeto mutuo. La decisión política necesita de la legitimidad de acción y lo mismo ocurre con el apoyo social y de la opinión pública. 


La credibilidad es el reflejo proyectado sobre las partes de la capacidad de la Fuerza desplegada para cumplir con sus cometidos y de su voluntad de hacerlo. La voluntad pertenece al poder Ejecutivo. Como parte de esta credibilidad, estÔ la perseverancia y visión a largo plazo, aspectos determinantemente políticos y, por lo tanto, perteneciente al Ômbito estratégico. La percepción de credibilidad genera confianza y respeto tanto en ambientes de abierta colaboración como en aquellas otras situaciones de manifiesta oposición. En lo militar, una adecuada y correcta aplicación del uso de la fuerza contribuye a incrementar su credibilidad. Estrategia creíble es tener en cuenta los objetivos a largo plazo que justifican la situación final deseada. Pensar en el corto plazo no es una opción viable para unas Fuerzas Armadas que actúan en una misión con otras agencias cuya finalidad es el desarrollo de unas capacidades en la zona donde se opera, que faciliten el establecimiento de un orden duradero y sostenible. 


Una operación es creíble si logra la disuasión. Aunque las operaciones de apoyo a la paz se realicen normalmente con el consentimiento de las partes implicadas, podrÔn existir también elementos paramilitares, grupos criminales y terroristas, o población civil descontrolada. Por tanto, serÔ necesario disuadir desde el primer momento a dichas partes con la finalidad de establecer y mantener un entorno seguro. 


La contribución a la disuasión militar debe basarse en cinco factores, que son: capacidad, calidad, credibilidad, comunicación y mecanismos de control. No existe una solución estĆ”ndar aplicable a todas las situaciones para disuadir a las partes que se opongan a los objetivos de la operación, por lo que habrĆ” que estudiar caso por caso las medidas de disuasión a adoptar. Por esa razón, los gabinetes polĆ­ticos y tĆ©cnicos adquieren una seria relevancia. En definitiva, y en referencia a la idea inicial de ā€œimponerā€, el uso de la fuerza militar deberĆ” ser la etapa final de una escalada, en la que otras medidas intermedias a lo largo de este proceso hayan ido fracasando.


Conclusión 

Al ver por televisión los conflictos que nos rodean, especialmente con el sufrimiento de la población civil, surge la reacción de que ā€œhay que hacer algoā€. Ese ā€œhacer algoā€ significa poner en marcha un mecanismo enorme de recursos, capacidades, equipos y presupuestos, que necesariamente implican una labor de coordinación nacional e internacional, la rivalidad de intereses, y un cĆŗmulo de incertidumbres que se resumen en el coste del hacer, cómo y para quĆ©, o del no hacer.Ā Ā 


La globalización nos ha entrelazado para siempre y cada vez mÔs. Eso significa que los conflictos nos afectan allÔ donde se den, incluso en un escenario regional. La lección aprendida es que conviene poner los medios cuanto antes para resolverlos o, por lo menos, para que no produzcan el efecto contagio. Sin voluntad política, sin un apoyo de la opinión pública y sin una mínima capacidad de resiliencia social en origen, es imposible afrontar los compromisos de las partes implicadas en una operación de paz. Las víctimas civiles, de allí lejos, y los funerales aquí, de nuestras tropas, son una realidad que hace necesaria la legitimidad y la credibilidad de lo que se estÔ haciendo. También lo es la perversidad de actores que hacen de la violencia y de la injusticia su modo de actuar, cuyas acciones no conocen de fronteras. 


La seguridad es como la salud, que se valora cuando no se tiene. Se llame mantenimiento o imposición, la paz es necesaria y es el resultado de un orden que necesita ser cuidado y respetado mediante la política, con desarrollo económico y justicia social. Mostrar con realismo lo que son las operaciones internacionales, así como el enfoque social y humanitario de las Fuerzas Armadas en su adecuada perspectiva, ayudarÔ a generar el compromiso social que, tanto la política Exterior como la de Defensa, necesitan a la hora de colaborar en la resolución de conflictos mÔs allÔ de nuestras fronteras. 


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Gabriel CortinaĀ es colaborador del Centro de Seguridad Internacional del Instituto de PolĆ­tica Internacional.Ā 

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[1]Ā Mando de Adiestramiento y Doctrina del EjĆ©rcito de Tierra (MADOC), ā€œPublicación Doctrinal. Operaciones. (PD2-001)ā€,Ā Operaciones. Apoyo a la Paz, Ministerio de Defensa, 2013. El texto entró en vigor el 11 de febrero de 2013, quedando derogado los documentos ā€œDoctrina. Operaciones (DO2-004)ā€, aprobado por resolución nĆŗmero 552/08840/03, de fecha 22 de mayo de 2003, y ā€œOrientaciones. Operaciones no BĆ©licas (OR7-009)ā€, aprobado por Resolución 552/04723/05, de fecha 14 de marzo de 2005. El EjĆ©rcito de Tierra, al aportar el mayor volumen de capacidades, recursos, contingentes y experiencia en misiones internacionales, es quien mĆ”s ha desarrollado este tipo de contenidos, como parte de la publicación doctrinal de dichas operaciones.Ā 

[2]Ā Teniendo como referencia a la Organización de Naciones Unidas (ONU), la Unión Europea (UE), la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE) y la Organización del Tratado de AtlĆ”ntico Norte (OTAN), entre otras, reĆŗnen el peso y reconocimiento internacional necesario para legitimar y emprender los esfuerzos por ellas auspiciados, y en su Ć”mbito de actuación, denominados ā€œPeaceĀ SupportĀ Operationsā€ (PSO).Ā 

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